30 enero 2011

Los niños muertos de James Barrie

James Barrie jugando con su inspirador Michael Llewelyn Davies


Con las 'Canciones a los niños muertos' Gustav Mahler alumbró un himno de muerte que en realidad era una profecía urgente. Muy pronto, en 1907, cayó su hija mayor, María, y llegarían las depresiones de su mujer, Alma. Y a él le diagnosticaron un mal de corazón. Como ni Beethoven, ni Schubert, ni Dvorak, ni Bruckner habían conseguido sobrevivir a su novena sinfonía, llamó a la suya 'La canción de la tierra', por superstición. Pero era su tiempo de despedida, las manos amarillas de la enfermedad estaban bien aferradas a su cumbre. Llegó a escribir una novena sinfonía después, pero nunca pasó del andante-adagio de la décima.

Aquella intuición inmensa de las 'Canciones...' se le vino en contra, el cofre abierto de sus musas se le hizo una corriente fría y premiosa de valquirias tóxicas. James Matthew Barrie cargó toda su vida con el cadáver jovencísimo de su hermano David, muerto cuando patinaba sobre hielo en un lago de Escocia. Años después, en torno a 1900, paseando con su perrazo Porthos por los Jardines de Kensington, en Londres, entre estanques, conoció a unos niños de Eton: Michael y George Llewelyn Davies. La editorial Neverland compila en 'Peter Pan. La obra completa', el producto (inmensa intuición también) nacido a partir de aquellos dos sucesos.

Si Peter se acercaba por las noches a la ventana de la casa de los Darling, en el barrio de Bloomsbury, era para oír los cuentos de la madre de los chicos con pijama. Las golondrinas, explica él, colocan sus nidos en los aleros de los tejados por idénticas razones. Cuando Wendy Moira Ángela le caza llorando por su sombra, Peter contempla la idea de deslumbrarles con su hada y sus vuelos nocturnos para así llevarse una madre cuentacuentos. "Mamá Wendy", le llamará. Él mismo cuenta que cuando él quiso volver a su propia ventana original, su madre verdadera le había suplantado por otro niño.

El bebé enterrador

'El pajarillo blanco', 'Peter y Wendy' y la obra de teatro contienen feroces implicaciones y recovecos. En la primera de ellas, de 1902, Peter Pan es la invención de un solterón que ejerce de padre adoptivo. Es innegable el componente autobiográfico del conjunto y de las partes de la serie de Barrie. En 'El pajarillo...' Peter es un bebé de una semana que entierra a los niños que caen de su cuna en Kensington. Los enterraba en parejas. Michael y George, los muchachos inspiradores del parque no pasarían de los 20 años. Más niños muertos. Congelados en su sombra, como David Barrie en aquel lago. También murió en la eternidad de los hielos su amigo Robert Scott, corriendo tras Amundsen en la Antártida. Su última carta fue dirigida a su íntimo James Barrie. Éste la llevó consigo hasta que se le deshizo.

Pero el Peter primigenio de 'El pajarillo blanco' sufre una tara que no le permite crecer. El otro, el posterior niño/adolescente, que prorrumpe en llanto en la habitación apagada de Bloomsbury, es un rebelde que se niega a ser mayor. Como el gritón Oskar Matzerath, de 'El tambor de hojalata', como Cosimo, el barón de Ombrosa, ('El barón rampante') de Calvino, que se sube a los árboles después de negarse a comerse unos caracoles. Igual de tajante, Peter abandona su casa cuando oye a sus padres hablar del futuro (o sea, extinción, madurez) del niño.
El orfanato de Nunca Jamás

Recoge el protagonista de 'Peter y Wendy' y 'Peter Pan' a niños caídos de su cuna y (lejos de enterrarlos) se los lleva al País de Nunca Jamás si nadie los reclama en siete días. Un orfanato de hadas, o sea, en que fulge la magia pero donde nadie narra cuentos. Peter rechaza que Wendy quiera tocarla, pero necesita acercarse a ella cuando declama sus propias aventuras con indios y piratas. Por eso la rapta. O la adopta como madre. No olvidemos a Garfio, otro trágico. Perseguido por una metáfora dentada del tiempo: un cocodrilo con compás de minutero. Híbrido contradictorio de prehistoria y reloj.

Hay en esta edición un final alternativo, en que Wendy, traidora en su vejez, le dice: "No me puedo ir contigo, Peter... Porque ya no soy joven, ni inocente". Wendy es madre biológica, y Peter persigue a progenitoras ficticias. También hay amargura en el prólogo de 1920 a la obra dramática (que reescribió obsesivamente), cuando, dirigiéndose a los cinco hermanos Llewelyn Davies, dice: "en aquellos días en los que más me admirabais". Uno, George, había muerto ya, en la Guerra Mundial, pero sabemos que Barrie estaba ilustrativamente poseído por el síndrome de su criatura. Eran traidores por haber crecido.

Fresán y Enric González

El saurio cronométrico, tictac lacustre, acecha a los bebés que no rescata Peter en Kensington. Las plumas eximias de Rodrigo Fresán y Enric González han abordado la relación compleja del genio y sus hijos figurados. Mítica como la de Carroll sacando fotos a la pequeña Liddell en la ribera oxoniana. La imaginación como resistencia. Un escenario con actores cogidos con cuerdas, con un terranova de personaje (también Maeterlinck aportó fauna al teatro), calabazas en vez de sillas... La imaginación como baluarte. Tras la Guerra Civil, José Hierro escribe una 'Canción de cuna para dormir a un preso':

"Duerme. Ya tienes en tus manos/ el azul de la noche inmensa./ No hay más que sombras. Arriba la luna./ Peter Pan por las alamedas./ Sobre ciervos de lomo verde/ la niña ciega./ Ya tú eres un hombre, ya te duermes,/ mi amigo, ea..." Para después decir: "No es verdad que tú seas un hombre; eres un niño que no sueña./ No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan". Barrie, cuentacuentos huérfano de hermano y padre adoptado, escribió su futuro y su presente trayéndose gélidos fantasmas. Como Mahler, elevaba a sus niños muertos a volar hacia Nunca Jamás entre la escarcha antártica de las constelaciones. Se dice en el primer lied de las 'Canciones a los niños muertos': "Lo que ahora para ti son sólo ojos/ en noches futuras serán sólo estrellas para ti".

Peter Pan. La obra completa., de James Barrie. Neverland Ediciones. 346 páginas.


Alvaro Cortina
El Mundo
12 de junio de 2010




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