24 marzo 2010

Un tal Fernández


Su jurisdicción fue la noche y su peligro hermoso: las tascas de mucho humo, los burdeles con lamparones. Siempre con un cómplice de excesos, Pablo Ruiz Picasso, que por entonces aún llevaba las uñas negras y el pantalón de pana con el bajo suelto. Ángel Fernández de Soto fue uno de los primeros compañeros de viaje del artista malagueño en el barrio chino de Barcelona. Picasso lo retrató en varias ocasiones. Y de aquellos ejercicios salió una de las obras más poderosas de su etapa azul, 'El bebedor de absenta' (1903), donde Fernández de Soto aparecía entre la 'extremaunción' y el dandismo. El mismo que el próximo 23 de junio sacará a subasta Christie's en Londres, con un precio estimado entre 35 y 45 millones de euros. La gran subasta de la temporada.

Picasso marchó definitivamente a París en 1901. Fernández de Soto, al que llamaba el 'Patas arriba', a Málaga. No se volvieron a ver más, pero mantuvieron una relación epistolar hasta que, en 1938, éste murió durante la Guerra Civil. Formó parte de aquel grupo en delirio que ahormó el carácter del artista malagueño en sus años de sed de gloria, junto a Casagemas, otro tahúr de los días de frío y risas del que hizo otro retrato fundamental y que se suicidó algún año después.

En una y en otra obra, Picasso ya aventuró la insólita capacidad de lanzar más allá la mirada. Aplicó al retrato una energía que era la que salía de la picana furiosa de las manos del pintor. Hay algo de caricaturesco en este retrato, algo de espejo deformante para ver a su amigo Fernández de Soto. Algo que colisiona con la fuerza desmesurada de los ojos que pintó. Cuenta John Richardson, probablemente su mejor biógrafo, que esas córneas eran en verdad las de Picasso.

Esta será la segunda subasta de la pieza, que en 1995 ya alcanzó un precio de 3.500 millones de pesetas (de cuando había pesetas) en una espectacular puja en Nueva York. El destino del cuadro será, de nuevo, una incógnita. Eso sí, una incógnita de muchos kilates cuyos beneficios de venta será destinados a la fundación del compositor Andrew Lloyd Webber.


Antonio Lucas
Diario El Mundo
18 de marzo de 2010


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Vuelve el "Bebedor de absenta"

Días antes del 8 de noviembre de 2006, poco antes de que el martillo diera por vendido, o se quedara en el aire, el cuadro «El bebedor de absenta», de Picasso, un juez anuló la subasta porque uno de los herederos del primer dueño de la obra alegó que su venta era ilegal. Argumentaron que su antepasado, el banquero judío Paul von Mendelssohn-Bartholdy’s vendió el cuadro y el resto de su gran colección bajo coacción y a bajo precio, acuciado por el régimen nazi. Entre las pruebas que sus herederos presentaron ante un juez de Nueva York figura la documentación que demuestra que, entre 1933 y 1935, la banca alemana forzó a Mendelssohn-Bartholdy’s a poner en el mercado su colección.

Ahora, los herederos (también lo son del compositor Felix Mendelssohn) han retirado su denuncia, una vez que un juez les ha dado la razón, lo que permitirá que su actual propietario lo vuelva a sacar a subasta. Eso está por ver, porque se trata de Andrew Lloyd Weber, autor de célebres músicales como «Evita», «Cats» y «El fantasma de la ópera», quien compró «El bededor de absenta» en 1994 por 26,5 millones de euros. Pero la Fundación de Arte Andrew Lloyd Weber no quiso quedar como un coleccionista que se dedica a comprar obras incautadas por los nazis y con tal fin sacó un comunicado en el que decía que el banquero Mendelssohn-Barholdy’s no era judío, sino un «católico converso», ni su mujer mujer Elsa, que fue quien la vendió.
Lloyd Weber –que durante muchos años había cedido la pintura a la National Gallery de Londres– podría volver a sacar en subasta la pintura «El bebedor de absenta». En 2006 el precio de salida era de 60 millones de euros.

El triste Fernández de Soto

Este cuadro está marcado por el destino, quizá por la propia vida desgraciada de su protagonista, Ángel Fernández de Soto, un amigo de la época barcelonesa de Picasso que encarnó lo contrario de lo que el pintor llegó a ser. Compartieron noches de bohemia en cabarets y prostíbulos. Murió en Barcelona en 1937 una noche de bombardeos atropellado por una ambulancia. De él existen dieciséis retratos. «El bebedor de absenta» está fechado en 1903 y es un claro ejemplo del período azul. Elegante y melancólica, los nazis la consideraron una obra «degenerada».

Manuel Calderón
Diario La Razón
17 de enero de 2010

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