20 enero 2010

Cuando vayas a Madrid...

Fuente de Cibeles con el Palacio de Comunicaciones detrás.



" Ahí está, ahí está, viendo pasar el tiempo, la Puerta de Alcalá..."


El Instituto Cervantes


El Banco de España



Había estado un par de ocasiones más. En la primera, todo lo que pude observar fue a través de la ventanilla del coche, el paseo más rápido que he dado en una ciudad. La segunda, sólo fue para hacer un alto en mi ruta hacia una vida verdaderamente nueva y llena de incógnitas, jejeje.

La tarde del sábado pasado la dediqué a recorrer la Gran Vía de Madrid. No tomé fotos por temor a parecer una turista en modo nipón-on, hahaha. Además, fui testigo de un operativo de la Policía Municipal de Madrid que en plena Gran Vía detuvo un auto ciertamente sospechoso, mientras ocupaba todo un carril con tres coches de policía. Los municipales abrieron el maletero, pidieron papeles y en el interior del coche había cuatro hombres con pinta de árabes. Aquello iba para largo y yo preferí seguir mi recorrido y tratando de abrirme paso entre los cientos de paseantes que abarrotaban todo tipo de comercios. Mucho se habla de la crisis, pero ahora en época de rebajas, las calles están llenas.

Personajes variopintos, contenedores de basura demasiado pequeños para lo cantidad de desechos. Kioscos de prensa que lo mismo venden bebidas, que postales typical-spanish con escenas taurinas, flamencas y monumentos madrileños. Escasas casetas telefónicas públicas, la mayoría de los cruces para peatones señalizados con pequeñas líneas horizontales en lugar de las típicas "cebras" de alargadas líneas verticales. De un lado el McDonald's, en la acera de enfrente un Burguer King y un poco más allá un Starbucks. La Plaza de Callao aún adornada con un enorme árbol de Navidad mientras del lado opuesto un enorme cartel de la nueva versión de Sherlock Holmes by Mr. Guy Ritchie invitaba a darse una vuelta por el cine... Tiendas, tiendas y más tiendas.

Casi recorrí por completo la calle de Fuencarral donde se ubica el hostal donde me alojé. La mayor parte ha sido convertida en peatonal, dicen que desde hace poco tiempo. Me encontré con la típica tienda de chinos con sus baratijas a veces tan útiles (ahí encontré un hilo que me hacía mucha falta) pero que también tenía la zona de abarrotes, hahaha, inclusive vendían pan recién hecho del día. Casi todas las cortinas de los comercios cerrados, saturadas de graffitis. Construcciones cuyas fachadas no han sido reformadas, así que al observar sus escaparates te remontas a los años '20 o '30. Gente por doquier, sobre todo jóvenes a la caza de ofertas. Pronto me di cuenta de que el delirio por las compras no es exclusividad de las mujeres: algunos chicos (hetero) casi gritaron de felicidad al encontrar tales o cuales zapatillas, jejeje.

Casi frente a la ventana de mi balcón (que daba hacia la calle) estaba una chica que tocaba el violín pero con pinta de "okupa" con rastas y todo. Interpretaba temas que lo mismo podían pasar cíngaros, jejeje, que algo mucho más clásico. No hace falta decir el gran contraste entre su pinta y lo que hacía surgir de su violín.

A las ocho de la tarde salí rumbo al restaurante, donde otros 19 comensales compartiríamos mesa y mantel con el creador de el Capitán Alatriste ;-) (aquí y aquí videos). Podría haber tomado el metro, pues a media calle del hostal se encuentra la estación de la Gran Vía, pero preferí caminar tratando de guiarme con un mapa. A fin de cuentas, quería conocer y tampoco el restaurante estaba tan lejos.

Crucé la Gran Vía y tomé la calle de la Montera famosa por sus chicas, hahahaha. A esas horas, había muchísima gente y las lumis estaban en cada portal o entre tienda y tienda. Yo no sé cómo es que los hombres que las buscan, no les dá vergüenza hacerlo delante de las familias y de los niños :P Había varios hombres-anuncio, esos que se ponen un cartel delante y detrás, jejeje, donde anunciaban un local de tatuajes con la tremenda oferta: por un tatuaje que te hicieras te regalaban un piercing O_O

Camino hacia abajo me encontré con la Puerta del Sol (el kilómetro cero de todas las carreteras españolas) abarrotada de gente, de grupos de chicos, de usuarios del metro. Me detuve un breve momento para admirar el famoso reloj de la Casa de Correos que da las doce campanadas cada Nochevieja. No, no estaba iluminado, pero no me importó. A mi izquierda estaba el edificio que alberga el viejo y clásico anuncio del jerez Tío Pepe luminoso y enorme. A mi derecha, frente a la Casa de Correos, la estatua del Oso y el Madroño (símbolo de Madrid) y más allá la estatua ecuestre de Carlos III. Lo siento, tampoco hice fotos: era ya de noche y yendo sola, me dio un poco de temor que me arrebataran la cámara :P


Continuará

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