16 enero 2012

Cierta perversión y sus criaturas



 http://www.youtube.com/watch?v=0QDons2iDPk



Cierta perversión y sus criaturas
(acercamiento al rock gótico)



La tierra despide humos desconocidos,
gemidos y estremecimientos
al beber la savia de sus hijos.
¡La mirada no puede
avizorar la temblorosa orilla!
William Blake

La lujuria es uno de los placeres capitales. Por ella se atreve uno a vagar de noche. Midnight Rambler de andar vigilante y bragueta tab. La curiosidad del Gato de Parménides para el que no hay bardas, rejas o muros; para el que los códigos no existen, inescrupuloso y fascinado por la caza. Por ella se atreve uno con las vampiras. A seguirlas a sus cuevas por el delirio prometido de sus traseros. Long Cool Woman in a Black Dress: palabras de ritmo desquiciante, el abracadabra fatal para que aparezca lo evocado, quizá dando vuelta a esa esquina. Lo demás se sucede rápido, sin secuelas de naturalismo. Con su andar de cabra en aquelarre uno se lo facilita todo, Black is Black. Ropa, pestañas, labios, corazón. El encanto de la ausencia de color atrae. La cosa era seguirla por aquellas calles céntricas, oscuras, tras el guiño de una mirada que torna el mundo en otro: Paint It Black.

Yo no lo sabía pero Pino Páez sí y me lo dijo: "Es el augur más afamado de esta capital. Es el único que predice el tiempo exacto de la muerte. Él no sabe mentir, y no hay propina que alargue la existencia, ni súplicas que retrasen el reloj de los silencios. Oficia en un altísimo cuarto de azotea. No hay luz eléctrica en la pieza, sólo un quinqué de fulgor agónico, como si un puñado de mariposas de colores estuvieran a punto de expirar".

Ahí, a ese lugar la seguí. entre pasillos y escaleras mugrosas y malolientes. A mi memoria acudían las palabras del cronista: "El Maestro oficia de diez de la noche a cuatro de la mañana, cuando la oscuridad nace del guiñar de un dios tuerto que baña con su ojo inútil la madriguera de un bostezo. En su habitación no se descubren muebles, apenas se le puede mirar un trozo de rostro semialumbrado por la moribunda vasija de los destellos: se guarece en unos lentes de cristal ahumado que resaltan su intensa palidez; la nariz es un relieve escurriente en que se amontonan las verrugas, y en su boca hay una especie de tumor como para que las palabras salgan lastimadas".

Para entonces la lujuria se había vuelto metafísica y la explicación en palabras una necesidad. "Aquí me reúno con mi banda -dijo ante una puerta indefinible y cargada de presagios-. somos fans de aquel que se limita a precisar sólo la fecha del adiós. Ni causas ni detalles. Hay que tocar siete veces en esta puerta y luego emitir un suave carraspeo para que brote nítida la frase de acceso. Hazlo", me apremió. A partir de ahí todo fue un torbellino de escatología cósmica abrazada a una sensualidad distinta, oculta, un murmullo casi.

Abierta la puerta, el tiempo se convirtió en otra cosa. Pasamos por una cortina lateral para no dirigirnos al cuarto principal. Sentados en el suelo, frente a signos pintados en él, se encontraban varios chavos alrededor de los veinte años. Allá, en una esquina, el aparato de sonido con sus foquitos resplandecientes a un volumen regular y una pila de discos compactos. Mientras ella hablaba al oío de uno de aquellos tipos, me acerqué a ver de qué música se trataba: Fields of the Nephilim, Lycia, The Cure, Sisters of Mercy, Masochistic Religion, Diamanda Galás, Siouxsie and the Banshees, Nick Cave, Christian Death, Dive...

"Oye, ve y calla", me dijo ella al tiempo que hacía que me sentara. Tras otra cortina negra se alcanzaba a distinguir a las personas en el otro lado. El famoso quinqué a la izquierda del maese. Frente a él una figura desgarbada lloraba y daba gritos quedos, dolorosos. Salió de aquella habitación y luego de la vivienda tapándose los oídos. El Maestro, inmutable. Recordé entonces el recado que ella me había enviado luego de que nos vimos por primera vez: "Los que estamos aquí hemos huidos del reino de la luz. Solos, postrados, nos consumimos en la memoria oscura y difusa que ilumina nuestros negros pensamientos. Arde y relumbra en nuestro nublado pecho, como sobre una tumba tenebrosa donse de apagan las estrellas, como esos rayos débiles sobre los que se yergue la silueta citadina después que el sol se ha ocultado en nuestros desiertos cotidianos".

En ese momento sonoraron siete toquidos. Las bajas notas del Nephilim se acentuaron. El invitado depositó unos billetes y monedas en el platón dispuesto a la entrada. La sesión comenzó. el solicitante se desnudó del tórax y se puso rígido y horizontal como un cadáver. El quinqué dibujó su sombra en la pared. El maese -escucho dentro de mí a Pino- escarba con una espátula la integridad del reflejo y lame los despojos de cal. Regresa al muro raspado y lo inunda con una guácara torrencial. "Más tarde todo es hincarse y sudar, medir el asco y la humedad, como si los augurios se sazonaran en los revoltijos de la entraña. Recita a continuación muy quedo el arribo de la parca": El cliente se retira entonces presa del desasosiego. En ese instante ha muerto en realidad. Ninguna luz lo volverá a iluminar. Ella me toma de la mano con la suya y sé que aquel gesto es el reflejo de una lubricidad famélica.

II

Todos los horrores -leí en algún lado- son necesarios y útiles para quienes desean conocr al hombre en sus extremos. La visión de esos cuadros es de gran utilidad para el desarrollo del perfil humano. Tal vez nuestra ignorancia en la ciencia del conocimiento de los seres humanos se deba al estúpido falso pudor de los que antaño escribieran sobre estas cosas. Encadenados a sus prejuicios y temores, se limitaron a relatar puerilidades que todos conocían, sin atreverse a bucear en los siniestros laberintos, plagados de fantasmas, del alma humana, ni a describir y a comunicar sus descubrimientos a sus semejantes. Los hacedores del Rock Gótico sí lo han hecho. algunos de sus seguidores también. La prisión de la vida que delatan es la imagen de la soledad de un universo habitado por las monstruosas cristuras que atormentan el espíritu.

Los darkies son el símbolo de la incmunicación o, mejor dicho, del deseo de alcanzar un a comunicación imposible. Y acaso sea ésa la razón por la que, en un desesperado intento por estrabecerla, se asocian entre sí para entregarse a la orgía de conocimientos elitistas. Una perversión que lo es tanto en el delirio de sus pasiones como en su pálida calma. En todo caso, los señalamientos que caen sobre los semejantes se convierten en placeres para ellos. Presos de sí mismos buscan la comunicación imposible en el supremo orgasmo que, de acuerdo a su mitología, estremece los últimos instantes de quienes se conectan con la muerte.

III

El Gótico propicia que el miedo sea sacado del reino de lo convencional y elevado a la negra nube que se cierne sobre el destino mismo de la humanidad. Así, ciertos extraños pensamientos ligados a otras dimesiones trascienden los cuidados habituales y por un instante pleno de música se asoman a su paraído particular, disipando las nieblas que enturbian y obstaculizan la visión de la oscuridad.

Vivir, escribió Ibsen alguna vez, es combatir contra los seres fantasmales que nacen en las cámaras secretas de nuestro corazón y de nuestro cerebro. Para los roqueros góticos, la estancia en lo tenebroso es acercarse a ellos, juzgarse a sí mismos, poetizar. ¿Cómo? Llevando al extremo contrario lo que acosa las mentes de nuestro tiempo: el aspecto egoísta de la permanencia.

El conocimiento científico nos ha enseñado que el mundo es el realidad discontinuo; que la noción de vida no es más que un existir entre los momentos de un tiempo dividido y que éste se transforma del sueño a la vigilia. Así, el aspecto último del mundo y del conocimiento es la muerte: un saber del que se puede sacar un placer ignoto.

Esta visión pasional no produce seres enteros, finos, valientes o aventureros. No. La flor de esta perversidad es el placer de la negación, entre otros. Por ende, tal perversidad se vuelve absoluta, mientras que los hedonistas sólo buscan la muerte para evitar el dolor. En esencia, los góticos son seres románticos florecidos en el pensamiento de John Donne, Walpole, Coleridge, Blake, Poe, Lovecraft, Velvet Underground, Patti Smith, Iggy Pop, Cocteau Twins, The Cult, DeadCan Dance, Joy Division, The Mission UK, New Order, Xymox, Bauhaus, X-Mal Deutschland, Lord of the New Church, Alien Sex Fiend, Peter Murphy... quienes los sujetan y llevan de la mano hacia el concepto del no ser y dejar de ser ellos.

Los que han podido diferenciarse y dejar de ser ellos mismos saben aplicar su "voluntad zombie" a la creación estética y han engendrado música fantasmal y mórbida, en donde proyectan a esos seres que en otros se ocultan. Esos extraños que nulifican la actividad están ahí, en la isla que es la vida, rodeados por un mar desconocidos y creciente. Los roqueros ocultistas de un fin de siglo les tienden la mano. Tales roqueros, cuyo cerebro es perseguido por fantasmas, representan un momento de la evolución intelectual, como muchos artistas de nuestro tiempo, y no tienen otra locura que no sea ésa. Quieren interesarles a personas que ven deformadas, para que éstas se vean proyectadas en el arte. Escriben canciones que así lo hacen y logran que algunos escuchen sus poemas como ellos los conciben. su perversión está en le placer por la morbidez y la extrañeza; sin embargo, no llegan a empujar sus fantasmas a la vida.  Los recrean en el arte. No tienen aún suficiente lástima por sus creaciones como para someterse a ellas y sufrir para que vivan.

Los roqueros góticos hacen nacer seres terribles en las cámaras secretas de su corazón y cerebro, pero en la gestación se han vuelto poetas y con ello trascendido a sí mismos. Porque a la postre, como escribiera Blake, la perversión tiene corazón humano y el corazón humano es una gola hambrienta.



Sergio Monsalvo
Corriente Alterna 
Agosto de 1993







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