Cthulhu, Gaiman y yo

Gracias a los blogs que se dedican a la literatura, ya sea como extensiones y/o apoyos de los booktubers o como simples formas de crítica literaria, esto de la blogosfera parece que pervive con buena salud.

A mí cada vez me cuesta más tratar de mantener mi blog actualizado. Es más, no pude 'autofestejarme' por el décimo aniversario que fue el pasado 1 de julio :P Estoy pensando si lo dejo estar o si festejo por todo lo alto aunque sea a destiempo, jejeje.

Cuesta encontrar el 'balance' perfecto entre las redes sociales y los blogs. Entre la vida misma con tanto por vivir, leer, disfrutar en cine y tv con esas magníficas series, y en mi caso, tratar de aterrizar todo lo que tengo en la cabeza y que ocasionalmente me deja por breves momentos en paz. Muchas veces tengo que buscar un papelito donde escribir la frase, el momento o la situación que se me van ocurriendo según si estoy en un trayecto de transporte público, tendiendo la ropa, de camino a hacer la compra o a recoger a mi hijo ahora en su curso de verano de robótica, limpiando los platos, o en cualquier otra actividad que me permita concentrarme un poco. Por cierto, estoy publicando mis cuentos, gracias a que logro pasar la elección de los textos, en la revista digital Penumbria (pinchar aquí:)

Y ahora, para compensar un poco el cierto abandono donde permanece mi blog, he decidido compartir el texto que Mr. Neil Gaiman dedicó a Cthulhu. La traducción es obra de F. A. REAL H., director de la página Fantasía Austral




 
YO, CTHULHU
Neil Gaiman

O, ¿qué es lo que hace una cosa con rostro tentacular como yo en una ciudad sumergida como esta (Latitud 47° 9’ S, Longitud 126° 23’ W)?

Me dicen Cthulhu. El Gran Cthulhu.

Nadie puede pronunciarlo correctamente.

¿Estás escribiendo esto? ¿Cada palabra? Bien. ¿Por dónde comenzar? Mm…

Que así sea, entonces. El comienzo. Escribe esto, Whateley.

Fui engendrado hace eones incontables en las oscuras nieblas de Khhaa’yngnaiih (no, por supuesto que no sé cómo se escribe.

Escríbelo como suena), por innombrables padres de pesadilla bajo una luna gibosa. No era la luna de este planeta, por supuesto: era una luna de verdad. Algunas noches llenaba más de la mitad del cielo y, mientras se elevaba, podías ver el rojo carmesí gotear y chorrear su rostro hinchado, manchándolo de rojo hasta que, al alcanzar su cenit, bañaba los pantanos y torres con su sangrientamente muerta luz roja.

¡Qué días aquellos!

O noches, en realidad, teniendo todo en cuenta. Nuestro lugar tenía algo como un sol, pero era viejo incluso en aquella época; recuerdo que la noche en que finalmente explotó todos serpenteamos a la playa a mirarlo. Pero me estoy adelantando.

Nunca conocí a mis padres.

Mi padre fue consumido por mi madre tan pronto como él la hubo fertilizado y ella, por su parte, fue devorada por mí al nacer. Da la casualidad que ese es mi primer recuerdo: retorciéndome para salir de mi madre, el sabor de su carne todavía en mis tentáculos.

No te muestres tan estupefacto, Whateley; yo los encuentro a ustedes los humanos igual de repulsivos.
Lo que me recuerda, ¿se acordaron de alimentar al shoggoth? Me parece haberlo escuchado farfullando.
Pasé mis primeros miles de años en esos pantanos. Esto no me agradó, por supuesto, pues yo era del color de una trucha joven y medía algo así como cuatro de tus pies.[1] Pasé la mayor parte de mi tiempo atrapando cosas desprevenidas y devorándolas y, a su vez, evitando que me atraparan desprevenido y me devoraran.

Así pasó mi juventud.

Y entonces un día —creo que fue un martes— descubrí que había más en la vida que sólo comida. (¿Sexo? Por supuesto que no. No alcanzaré esa etapa hasta después de mi próxima estivación; para entonces, tu pequeño e insignificante planeta estará hace mucho tiempo congelado). Fue ese martes que mi tío Hastur se deslizó a mi parte del pantano con sus mandíbulas fusionadas.

Significaba que no pretendía cenar esa visita, y que podíamos hablar.

Bueno, esa es una pregunta estúpida incluso para ti, Whateley: no uso ninguna de mis bocas para comunicarme contigo, ¿o sí? Muy bien. Una pregunta más como esa y encontraré alguien más relatar mis memorias. Y tú estarás alimentando al shoggoth.

—Vamos a salir —me dijo Hastur—. ¿Te gustaría acompañarnos?

—¿Nosotros? —le pregunté—. ¿Quiénes son «nosotros»?

—Yo —dijo—, Azathoth, Yog-Sothoth, Nyarlathotep, Tsathogghua, Ia! Shub Niggurath, el joven Yuggoth y algunos otros. Tú sabes —dijo—: los chicos. (Entiendes que estoy traduciendo libremente para ti aquí, Whateley: la mayoría de ellos eran a-, bi- o trisexuales, y Ia! Shub Niggurath tiene al menos mil hijos, o eso dice. Esa rama de la familia siempre ha sido dada a la exageración).

»Vamos a salir —concluyó—, y nos preguntábamos si te apetecía algo de diversión.

No le respondí de inmediato. A decir verdad, no les tenía mucho cariño a mis primos y, debido a alguna particular distorsión fantasmagórica de los planos siempre he tenido problemas para verlos claramente. Tienden a volverse borrosos en los bordes y algunos de ellos —Sabaoth es un buen ejemplo— tienen muchísimos.

Pero era joven y ansiaba algo excitante. «¡Tiene que haber más en la vida que esto!», gritaba mientras los deliciosamente fétidos olores a carne putrefacta del pantano polucionaban a mi alrededor y, sobre mi cabeza, los ngau-ngau y zitadores ululaban y daban alaridos. Dije que sí, como probablemente habrás adivinado, y rezumé tras de Hastur hasta que llegamos al punto de encuentro.

Según recuerdo pasamos la siguiente luna discutiendo donde iríamos. Azathoth tenía sus corazones puestos en la distante Shaggai y Nyarlathotep tenía algo por el Lugar Innombrable (no puedo, aunque mi vida estuviese en juego, entender el por qué; la última vez que estuve allí todo estaba cerrado). Para mí era todo lo mismo, Whateley: cualquier lugar húmedo y de alguna manera sutilmente errado y me sentiría en casa. Pero Yog-Sothoth tuvo la última palabra, como siempre, y vinimos a este plano.
¿Tú conoces a Yog-Sothoth, cierto, mi pequeña bestiecilla de dos patas?

Me lo imaginaba.

Él abrió el camino para nosotros para venir aquí.

Para ser sincero, este lugar no me pareció gran cosa. Todavía no me lo parece. Si hubiese sabido los problemas que íbamos a tener dudo que me hubiese importado, pero era joven entonces.

Según recuerdo, nuestra primera parada fue la sombría Carcosa; ese lugar hizo que me cagara de miedo. Estos días puedo mirar a tu especie sin estremecerme, pero toda esa gente, sin una escama o pseudópodo entre ellos, me hicieron tiritar.

El Rey en Amarillo fue el primero con el que me llevé bien.

El rey andrajoso. ¿No lo conoces? El Necronomicon en la página setecientos cuatro (de la edición completa) da pistas acerca de su existencia, y creo que el idiota de Prinn lo menciona en el De Vermis Mysteriis. Y está Chambers, por supuesto.

Un tipo agradable, una vez te acostumbras a él.

El fue el primero que me dio la idea.

—¿Qué innombrables diablos se puede hacer en esta deprimente dimensión? —le pregunté.

Se rió.

—Cuando vine por primera vez aquí —dijo—, un mero color venido del espacio, me hice la misma pregunta. Entonces descubrí la diversión que uno puede obtener de conquistar estos raros mundos, sometiendo a sus habitantes haciendo que te teman y te adoren; es realmente divertido.

»Por supuesto que a los Antiguos no les gusta.

—¿Los antiguos? —pregunté.

—No —dijo—: los Antiguos; es con mayúscula. Compadres chistosos, como grandes barriles con cabezas de estrella de mar, con grandes y diáfanas alas con las que vuelan a través del espacio.

¿Volar a través del espacio? ¿Volar? Estaba estupefacto. No pensaba que alguien volaba hoy en día.  ¿Por qué tomarse la molestia si uno gasteropodear, no? Podía imaginar porqué les llamaban antiguos. ¡Perdón! «Antiguos».

—¿Qué hacen estos Antiguos? —le pregunté al Rey.

(Te hablaré de «gasteropodear» después, Whateley, aunque no tiene sentido: te faltan wnaisngh’ang. Aunque quizás un equipo de bádminton podría funcionar casi igual de bien. ¿En qué estaba? ¡Ah! Sí).
—¿Qué hacen estos Antiguos? —le pregunté al Rey.

—Poca cosa —me explicó—: tan solo no les gusta que nadie más lo haga.

Ondulé, retorciendo mis tentáculos como diciendo: «He conocido criaturas así en mi época», pero temo que el mensaje fue incomprensible para el Rey.

—¿Sabes de algunos lugares a punto para ser conquistados? —le pregunté.

Hizo un gesto con una mano vagamente dirigido a un pequeña y sombría área de estrellas.

—Hay uno por allá que te podría gustar —me dijo—. Se llama Tierra; un poco apartado pero con harto espacio para moverse.

Mocoso idiota.

Eso será todo por ahora, Whateley.

Dile a alguien que alimente al shoggoth cuando salgas.

II


¿Ya es la hora, Whateley?

No seas idiota. Sé que te mandé a buscar. Mi memoria está tan bien como siempre.

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fthagn.

¿Sabes lo que significa, cierto?

En su hogar en R’lyeh el muerto Cthulhu espera soñando.

Una exageración justificada, esa: no me he sentido del todo bien últimamente.

Era una broma, unicéfalo, una broma. ¿Estás escribiendo todo esto? Bien. Sigue escribiendo. Sé hasta dónde llegamos ayer.

R’lyeh.

La Tierra.

Ese es un ejemplo de cómo los lenguajes cambian el significado de las palabras. Borrosidad. No lo soporto. Erase en una época que R’lyeh era la Tierra, o al menos la parte que yo gobernaba, los pedazos húmedos del inicio. Ahora es tan sólo mi pequeña casa aquí, latitud 47° 9’ sur, longitud 126° 43’ oeste.
O los Antiguos. Nos llaman a nosotros los Antiguos ahora. O los Grandes Antiguos, como si no hubiese diferencia entre nosotros y los chicos barriles.

Borrosidad.

Así que vine a la Tierra, y en esos días era bastante más húmeda de lo que es hoy en día. Un lugar maravilloso era, los mares tan ricos como si fuesen sopa y me llevé fantástico con la gente. Dagon y los chicos (esta vez uso la palabra literalmente), todos vivíamos en el agua en esos tiempos remotos, y antes de que pudieras decir «Cthulhu fthagn» los tenía construyendo y esclavizando y cocinando. Y siendo cocinados, por supuesto.

Lo que me recuerda que había algo que quería contarte. Una historia verdadera.

Había un barco navegando por los mares. En un crucero por el Pacífico. Y en este barco había un prestidigitador, un conjurador, cuya función era entretener a los pasajeros. Y había un loro en el barco.
Cada vez que el prestidigitador hacía un truco el loro lo arruinaba. ¿Qué cómo lo hacía? Les decía cómo se hacía, ni más ni menos. «La escondió en la manga», el loro graznaba. O, «tiene el mazo arreglado», o,  «tiene un fondo falso».

Al prestidigitador no le gustaba para nada.

Finalmente vino el momento de que hiciera su truco más grande.

Lo anunció.

Se levantó las mangas.

Movió los brazos.

En ese momento el barco se sacudió y se rompió por un lado.

La sumergida R’lyeh se había levantado bajo ellos. Hordas de mis sirvientes, asquerosos hombres-pez, pulularon sobre los costados, atraparon a los pasajeros y la tripulación y los arrastraron bajo las olas.
R’lyeh se hundió nuevamente bajo las aguas, esperando al tiempo en que el temido Cthulhu se levantará y reinará una vez más.

Sólo sobre las fétidas aguas, el prestidigitador —ignorado por mis pequeños idiotas batracios, por lo que pagaron caro— flotaba, aferrándose a un mástil, solitario. Y entonces, lejos por sobre él notó a una pequeña silueta verde. Comenzó a descender, finalmente posándose en un bulto cercano de madera a la deriva, y vio que era el loro.

El loro ladeó la cabeza a un lado y echó una mirada al prestidigitador.

—Está bien —le dijo—: me rindo. ¿Cómo lo hiciste?

Por supuesto que es una historia verídica, Whateley.

¿Acaso el negro Cthulhu, quién salió babeando de las estrellas oscuras cuando tus pesadillas más fantasmagóricas todavía se amamantaban de las glándulas pseudomamarias de sus madres, quien espera al tiempo en que las estrellas se alineen para emerger de su tumba-palacio, revivir a los fieles y reanudar su reinado, quien espera para enseñar nuevamente los elevados y exquisitos placeres de la muerte y la festividad, te mentiría?

Por supuesto que lo haría.

Cállate, Whateley, estoy hablando. No me interesa donde lo escuchaste antes.

Nos divertíamos en aquella época: matanza y destrucción, sacrificio y condena, icor y baba y zumo, y fétidos e innombrables juegos. Comida y diversión. Fue una sola y larga fiesta, y a todos les encantó… excepto a quienes se descubrieron a sí mismos empalados en estacas de madera entre un trozo de queso y piña.

¡Oh! Había gigantes en la tierra en aquella época.

No podía durar para siempre.

Desde los cielos descendieron, con sus alas diáfanas y reglas y regulaciones y rutinas y Dho-Hna sabe cuántos formularios para ser llenados en quintuplicado. Pequeños y banales burócratas de mierda, todos ellos. Lo podías notar con tan sólo mirarlos: cabezas de cinco puntas; cada uno de ellos tenías cinco puntas, brazos, lo que sea, en sus cabezas (los que, podría agregar, estaban siempre en el mismo lugar). 

Ninguno de ellos tenía la imaginación para hacer crecer tres brazos o seis, o ciento dos. Cinco, siempre cinco.

Sin ofender.

No nos llevamos bien.

Llamaron a los muros (metafóricamente). No les prestamos atención. Entonces se pusieron infames. Discutieron. Se quejaron. Pelearon.

Está bien, dijimos: quieren el mar, pues tengan el mar. El barril completo.[2] Nos movimos a la tierra —era un lindo pantano entonces— y construimos colosales estructuras monolíticas que hacían ver pequeñas a las montañas.

¿Sabes lo que mató a los dinosaurios, Whateley? Nosotros. En un solo asado.

Pero aquellos aguafiestas de cabeza puntiaguda no podían dejarnos solos. Intentaron mover al planeta más cerca del sol; ¿o era más lejos? Nunca les pregunté. Antes de que me diera cuenta, estábamos de nuevo bajo el mar.

Tenías que reírte.

La ciudad de los Antiguos se jodió hasta el cuello. Odiaban la sequedad y el frío, igual que sus criaturas y, de pronto, estaban en la Antártica, secos como un hueso y congelados como las tres veces malditas llanuras de Leng.

Aquí ha de concluir la lección de hoy, Whateley.

¡¿Y podrías por favor hacer que alguien alimente a ese condenado shoggoth?!

III


(Tanto los profesores Armitage como Wilmarth están convencidos que en este punto no menos de tres páginas del manuscrito están perdidas, citando el texto y largo. Concuerdo con ellos).

Las estrellas cambiaron, Whateley.

Imagina tu cuerpo separado de tu cabeza, dejándote convertido en un bulto de carne sobre una fría losa de mármol, parpadeando y asfixiándote. Así fue como se sintió. La fiesta se había acabado.

Nos mató.

Así que esperamos aquí abajo.

Terrible, ¿no?

Para nada. No me importa un innombrable temor. Puedo esperar.

Me siento aquí, muerto y soñando, mirando los imperios de hormiga de los hombres levantarse y caer, destacarse y desmoronarse.

Un día —quizás mañana, quizás en más mañanas de lo que tu débil mente puede abarcar— las estrellas estarán correctamente unidas en los cielos, y el tiempo de la destrucción se cernirá sobre nosotros; me alzaré de las profundidades y poseeré el dominio del mundo una vez más.

Desorden y deleite, alimentos de sangre y fetidez, crepúsculo eterno y pesadilla y los gritos de los muertos y los no-muertos y el cántico de los fieles.

¿Y después?

Abandonaré este plano cuando este mundo sea una ceniza congelada orbitando un sol sin luz. Retornaré a mi propio lugar, donde la sangre gotea cada noche a través del rostro de una luna que sobresale como el ojo de un marinero ahogado, y estivaré.

Entonces me aparearé y al final sentiré una agitación dentro de mí, y sentiré como mi pequeño se alimenta creando su salida hacia la luz.

Mm.

¿Estás escribiendo esto, Whateley?

Bien.

Bueno, eso es todo. El fin. Narrativa concluida.

¿Adivina que vamos a hacer ahora? Exactamente.

Vamos a alimentar al shoggoth.



[1] Si consideramos a Whateley como «humano», esa medida se traduce en 1.2 metros de alto [N. del T.]

[2] En inglés, el relato contiene un juego de palabras con el aforismo “lock, stock and barrel”, literalmente «candado, existencias y barriles», en referencia a la forma de barril de los Antiguos. [N. del T.] 





***

La estética de los vídeos musicales

Pertenezco a la generación que tarareaba sin cesar aquello de "Video killed the radiostar". En los 80s, no se comprendía la música sin importar si era rock o pop, sin imágenes. Ya fueran reinterpretando el mensaje del tema o simplemente mostrando la 'visión' del director.

En los 90s no se perdió esa tendencia y para finales de esa década, como bienvenida al nuevo siglo y milenio, se echó mano de efectos especiales más a lo grande. En los 2000s hay muchos y muy buenos ejemplos que han tomado la estafeta de crear vídeos con historias e imágenes desde alucinantes, hasta dramáticas, graciosas o simplemente irónicas.

Aquí un recuento de mis vídeos favoritos  (con sus respectivos temas que también me gustan) producidos estos últimos veinte años  :)

Aviso: No hay orden de ningún tipo, ni cronológico ni de favoritismo.





Aerials es uno de los sencillos más conocidos del segundo álbum que la banda System of a Down editó en 2002. El vídeo fue dirigido por el bajista y letrista de la banda, Shavo Odadjian y David Blade.
Un niño cuyo rostro no sólo es diferente sino que recuerda a alguna criatura alienígena. Un niño que parece tener el poder y el control como si se tratase de una rockstar o de un político. Muy buena fotografía e historia aunque un poco inconexa.






The Perfect Drug es un tema que se incluyó en el soundtrack de la película Lost Highway (1997) de David Lynch. El vídeo fue dirigido por Mark Romanek quien dice haberse inspirado en los trabajos de Edward Gorey (yo considero el vídeo mucho más decadente y oscuro) para contar la desesperante historia de un padre que guarda luto por su hija y se consume bebiendo ajenjo. La fotografía es oscura, con tonos azulados, nada es brillante. Todo pareciera que transcurre en otro tiempo, a finales del siglo XIX.







Sweet Dreams (Are Made Of This) es una versión del tema original del dueto Eurythmics, que Marilyn Manson incluyó en su EP Smell Like Children editado en 1995. El video fue dirigido por Dean Karr donde nos muestra que esos dulces sueños sólo son pesadillas habitadas por seres retorcidos y malignos. Donde se apoderan de nuestra voluntad y nos pasean por habitaciones decrépitas y escalofriantes.








Breathe es uno de los sencillos más conocidos del tercer álbum que The Prodigy editó en 1997. El vídeo fue dirigido por Walter Stern y al ritmo de "Are you insane?" nos muestra lo que podría ser la representación de la locura dentro de cuatro paredes, con personajes que disfrutan torturando la conciencia y la percepción.








https://www.youtube.com/watch?v=F3WIHtOmkBg

Until It Sleeps es un tema que pertence al sexto álbum de Metallica editado en 1996. Siguiendo con la estela de su cambio (radical para muchos) que habían asentado cinco años atrás, este tema muestra fuerza pero más rítmica y acompasada. La letra fue escrita por el cantante James Hatfield y describe su dolor por el cáncer que padecía su madre. El vídeo, dirigido por Samuel Bayer, es un genial compedio de locura, representaciones a lo Hieronymus Bosch surgidas de obras como el Jardín de las Delicias, Haywain o Ecce Homo.








https://www.youtube.com/watch?v=CphjyNpzlxE

Out Of My Mind pertence al álbum Medazzaland que la banda Duran Duran editó en 1997 pero también fue uno de los temas que conformaron el soundtrack de la película The Saint. El vídeo fue dirigido por Dean Karr (su estilo es bastante identificativo) y filmado en el castillo Krumlov en Praga. Imágenes barrocas y oscuras vistas a través de un filtro ambarino que permite crear que se trata de ensoñaciones. El personaje que intepreta Simon Le Bon nos recuerda al mismo que aparece en la portada del álbum IV de Led Zeppelin.







https://www.youtube.com/watch?v=9uWwvQKGjLI

Ava Adore es el primer sencillo del cuarto álbum que la banda Smashing Pumpkins editó en 1998. Aquí se muestra el giro que estaban dando a su estilo incluyendo loops y arreglos electrónicos. El vídeo fue dirigido por Dom and Nic utilizando efectos como slow y fast motion en unas imágenes que nos hacen creer que todo se filmó en una misma toma sin cortes. Billy Corgan 'a lo Nosferatu' con ese abrigo largo negro y su cabeza rapada, parece el maestro de ceremonias de un espectáculo non-stop de personajes y situaciones oscuras que surgen de un psiquiátrico  y continúan en la vida ¿real?







https://www.youtube.com/watch?v=GMk-8pmTpgU


Shock the Monkey es una versión del tema original de Peter Gabriel que la banda Coal Chamber incluyó en su álbum Chamber Music editado en 1999. Contaron con la colaboración de Ozzy Osbourne que le dio en cierta medida su toque. El vídeo fue dirigido por Dean Karr y aparte de contar con un mono muy parecido al del vídeo de Peter Gabriel, nos remite a un lugar claustrofóbico reflejado en las imágenes nebulosas con un toque a celuloide un poco dañado.








https://www.youtube.com/watch?v=0PX2iZqXtn8


Du Riechst So Gut (You Smell So Good) es un tema que pertence al álbum Herzeleid, el primero de la discografía de la banda alemana Rammstein editado en 1995. Pero no fue sino hasta tres años después quese filmó la versión del vídeo más conocido. Philipp Stölzl fue el director y se filmó en el castillo Babelsberg y Berlín. Una Caperucita roja juvenil y atractiva del siglo XVIII acosada por una manada de lobos albinos que se apoderan no sólo de su voluntad y de su cuerpo, sino también de su propia naturaleza.







 
 

Back On Earth
es un uno de los temas incluidos en al recopilación The Ozzman Cometh que Ozzy Osbourne lanzó a finales de 1997. El vídeo dirigido por Nigel Dick (conocido por sus trabajos como Do They Know Is Christmas de Band Aid, Welcome to the jungle, Sweet Child O' Mine y Paradise City de Guns N' Roses, entre muchos otros) rinde homenaje a películas como Nosferatu filmado en tonos sepia y con una dirección de arte que nos hace creer que pudo ser filmado con una cámara Pathé. Ozzy es un undead, un personaje que parece surgido del Más Allá, que aterra a los humanos.







https://www.youtube.com/watch?v=PTFwQP86BRs


Closer es un tema que surge del álbum The Downward Spiral que NIN-Trent Renzor publicó en 1994. El vídeo (uno de los más polémicos emitidos por MTV) fue dirigido por Mark Romanek y la idea principal era presentar el laboratorio y las 'creaciones' de un científico loco de finales del siglo XIX pero también se muestran escenas que muestran imágenes referentes a la religión, la sexualidad, la crueldad animal, la política y el terror. Muchas de ellas están inspiradas en artistas como Joel-Peter Witkin y Roger Bacon, también en el cortometraje Street of Cocodriles de los Brothers Quay.






https://www.youtube.com/watch?v=Ypkv0HeUvTc


The Beautiful People fue el primer sencillo del álbum Antichrist Superstar que Marilyn Manson editó en 1996. El vídeo fue dirigido por la artista Floria Sigismondi quien lo describió como el vídeo más tenebroso de todos los tenebrosos. Filmado en una destilería abandona de Toronto, muestra a Manson en todo su esplendor con aquella estética tan peculiar, oscura y grotesca de sus primeros tiempos.







https://www.youtube.com/watch?v=BvsMPOfblfg


Living Dead Girl es els egundo sencillo del álbum debut de Rob Zombie editado en 1999. No hace falta decir que el vídeo fue dirigido por el propio Rob Zombie (con ayuda de Joseph Kahn) y en él rinde homenaje a la película expresionista El Gabinete del Doctor Caligari. Zombie hace el papel de el Doctor y su mujer, Sheri Moon, el de la Living Dead Girl. Fue filmado en blanco y negro y luego entintado en sepia.








https://www.youtube.com/watch?v=UT2oqEHwvUY


Little Wonder es el primer sencillo del álbum Earthling que David Bowie lanzó en 1997. Tema poderoso que contiene el sampleo de una batería y que de nuevo lograba colocar a Mr. Bowie en la cresta de la modernidad a finales de siglo. El vídeo fue dirigido por Floria Sigismondi y muestra a través de imágenes en slow y fast motion a Mr. Bowie y a un doble suyo en apariencia en formato 'alien' .






***

Alice y su 150 aniversario

150 aniversario de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas :)

Durante mi niñez fue un 'tema recurrente' porque mi madre se llamaba Alicia y porque de alguna forma u otra, sentía fascinación por la adaptación de Disney, jejeje. Aunque sin llegar a niveles enfermizos ni mucho menos. En casa siempre hubo algunos detalles que recordaban a la película, incluyendo una taza de porcelana (no sé cómo es que llegó a manos de mi madre) de tamaño extra con la efigie de esa Alicia rubia :)

Y entre esos recuerdos vagos, tengo presente que cuando yo tenía cuatro o cinco años, mi madre me compró (en la Lagunilla, por cierto, en el mercadillo de libros) un librito pequeño, tan pequeño que cabía en la palma de la mano, con fragmentos de la historia de Alicia acompañados de las ilustraciones conocidas de John Tenniel (si pinchan aquí podrán verlas todas). Tengo muy presentes esos dibujos y ese librito. Lo malo es que no recuerdo donde quedó  :P

Para mí, uno de los mejores homenajes contemporáneos de Alice  ;-)













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Noir 80s






New York - a Revealing New Approach
  Fotos: Andrea Blanch 





London: The Modern Romantics
Fotos: Lord Snowdon 







Paris: A New Sense of Shape
Fotos: Steven Meisel 



Vogue USA en su edición de julio de 1985







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Du Riechst so Gut... Mmmh, hueles tan bien





"Du Riechst So Gut" - Rammstein

Der Wahnsinn
ist nur eine schmale Brücke
die Ufer sind Vernunft und Trieb
ich steig dir nach
das Sonnenlicht den Geist verwirrt
ein blindes Kind das vorwärts kriecht
weil es seine Mutter riecht



Ich finde dich



Die Spur ist frisch und auf die Brücke
tropft dein Schweiß dein warmes Blut
ich seh dich nicht
ich riech dich nur ich spüre Dich
ein Raubtier das vor Hunger schreit
wittere ich dich meilenweit



Du riechst so gut
du riechst so gut
ich geh dir hinterher
du riechst so gut
ich finde dich
- so gut
ich steig dir nach
du riechst so gut
gleich hab ich dich



Jetzt hab ich dich



Ich warte bis es dunkel ist
dann fass ich an die nasse Haut
verrate mich nicht
oh siehst du nicht die Brücke brennt
hör auf zu schreien und wehre dich nicht
weil sie sonst auseinander bricht



Du riechst so gut
du riechst so gut
ich geh dir hinterher
du riechst so gut
ich finde dich
- so gut
ich steig dir nach
du riechst so gut
gleich hab ich dich



Du riechst so gut
du riechst so gut
ich geh dir hinterher
du riechst so gut
ich finde Dich
- so gut
ich fass dich an
du riechst so gut
jetzt hab ich dich



Du riechst so gut
du riechst so gut
ich geh dir hinterher


English

Insanity
is only a narrow bridge
the banks are reason and desire
I'm after you
the sunlight confuses the mind
a blind child that crawls forward
because it smells its mother



I find you



The track is fresh and on the bridge
drops your sweat, your warm blood
I don't see you
I only smell you, I sense you
a predator that screams of hunger
I track you for miles by scent



You smell so good
you smell so good
I follow you
you smell so good
I find you
- so good
I'm after you
you smell so good
I will have you soon



Now I have you



I wait until it is dark
then I touch your wet skin
don't betray me
oh don't you see the bridge is burning
stop screaming and don't resist
because otherwise it will break apart



You smell so good
you smell so good
I follow you
you smell so good
I find you
- so good
I'm after you
you smell so good
I will have you soon



You smell so good
you smell so good
I follow you
you smell so good
I find you
- so good
I touch you
you smell so good
now I have you



You smell so good
you smell so good
I follow you



Del álbum "Herzeleid" (1995)


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La luz del día me confunde. Sólo la noche puede guiarme. Persigo tu aroma, persigo tu piel. Tu sangre tiene un gusto que me atrapa y me hechiza. Mmmmh, hueles tan bien...




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Lullaby, Song of the Sea



"Lullaby" - Nolween Leroy


Hush now my Storeen 
Close your eyes and sleep 
Waltzing the waves 
Diving the deep stars are shining bright 
The wind is on the rise 
Whispering words of long lost lullabies 
Oh won't you come with me 
Where the moon is made of gold 
And in the morning sun we'll be sailing 
Oh won't you come with me 
Where the ocean meets the sky
 And as the clouds roll by 
We'll sing the song of the sea
 I had a dream last night 
And heard the sweetest sound 
I saw a great white light
and dancers in the round castles in the sand 
Cradles in the trees 
Don't cry, I'll see you by and by 
Oh won't you come with me 
Where the moon is made of gold
 And in the morning sun We'll be sailing 
Oh won't you come with me
 Where the ocean meets the sky
 And as the clouds roll by we'll sing the song of the sea 
Rolling Rolling Rolling Rolling 
 Oh won't you come with me 
Where the moon is made of gold 
And in the morning sun we'll be sailing free 
Oh won't you come with me 
Where the ocean meets the sky 
And as the clouds roll by we'll sing the song of the sea



Del soundtrack de la película Song of the Sea (2015)





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The Unquiet Grave




"The Unquiet Grave" - Helium Vola


Cold blows the wind to my true love
And gently drops the rain
I've never had but one sweet heart
And in green wood she lies slain

I'll do as much for my sweetheart
As any young man will
I'll sit and mourn all on her grave
For twelve months and a day

And when twelve months and one day was passed
Her ghost began to speak
The ghost began to speak

"Why sittest ye all on my grave
And will not let me sleep?"

There's one thing that I want, sweetheart
There's one thing that I crave
And that is a kiss from your linen white lips
That I called from your grave

My breast is cold as the clay
My breast will make thee strong
But if you kiss my cold grey lips
Your days they won't be long

Go fetch me water from
That isn't the blood from out of a stone
Go fetch me milk from a fair maid's breast
That a young man never had known

Go down on yonder grove, sweetheart
Where you and I were born
The first flower there that I say
Has withered to a stalk

The stalk is withered and and dried, sweetheart
And the flower will never return
And since I lost my own sweet heart
What can I do but mourn?

When shall we meet again, sweetheart?
When shall we meet again?
When the oak and leaves that fall from the trees
Are green and spring up again

When the oak and leaves that fall from the trees
Are green and spring up again
 
 
 
Del álbum "Wohin?" (2013)
 
 
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Se trata de un tema folk británico del siglo XIV que en 1868 fue recogido por Francis James Child pero hay varias versiones, muchas de ellas están mezcladas con la letra del tema "How Cold the Wind doth Blow" (aquí se puede escuchar) como esta y como la que aparece en el trailer y en el primer capítulo de la segunda temporada de la serie de televisión Penny Dreadful (pinchar aquí para escucharla).
 
 
 
 
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El ejército furioso



A la autora francesa Fred Vargas (pseudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau) la conocí por una entrevista que el diario El País le hizo en 2008, más o menos. Es historiadora medieval, arqueóloga y escritora, claro. Y su estilo se clasifica como novela policiaca pero abarca varios otros. Es la 'madre' del comisario Adamsberg de la policía de París, un hombre al que llaman 'paleador de nubes' porque parece que nunca tiene los pies sobre la tierra pero cuando una idea se le mete en la cabeza, no para hasta descrifrar el más retorcido misterio :)  Se me figura un poco a Colombo, lo recuerdan?, sobre todo físicamente aunque no con ojo de vidrio jejeje.

Vargas 'desquicia' a mucha gente. He leido comentarios de que según algunos, abusa de manejar, plantear y resolver más de tres historias en un mismo libro. A mí me parece una obra artesanal porque esas historias siempre están relacionadas entre sí y cumplen con su función de mantener centrada la atención del lector, de no descuidar ni un detalle. Y tratándose de historias cuyo protagonista es Adamsberg, en todos los libros aparecen recurrentemente no sólo el equipo del comisario (todos carismáticos, con personalidades peculiares y hasta entrañables) sino hasta un vecino español que con sus comentarios es capaz de darle pistas a Adamsberg, entre otros que le dan esos toques de cultura general y hasta humor :)

Ayer (14 de febrero) terminé de leer El ejército furioso, una historia que mezcla muy bien una serie de crímenes en un pueblo de Normandia y la leyenda de la Cacería Salvaje: El comisario Adamsberg se enfrenta a una terrorífica leyenda medieval normanda, la del Ejército Furioso: una horda de caballeros muertos vivientes que recorren los bosques tomándose la justicia por su mano... Una señora menuda, procedente de Normandía, espera a Adamsberg en la acera. No están citados, pero ella no quiere hablar con nadie más que con él. Una noche su hija vio al Ejército Furioso. Asesinos, ladrones, todos aquellos que no tienen la conciencia tranquila se sienten amenazados. Esta vieja leyenda será la señal de partida para una serie de asesinatos que se van a producir. Aunque el caso ocurre lejos de su circunscripción, Adamsberg acepta ir a investigar a ese pueblo aterrorizado por la superstición y los rumores. Ayudado por la gendarmería local, por su hijo Zerk y por sus colaboradores habituales, tratará de proteger de su macabro destino a las víctimas del Ejército Furioso.

El estilo de Vargas es ligero, nada tortuoso o complicado, y con esto no quiero decir que carezca de 'chicha', jejeje, porque en cada diálogo (es genial cómo los maneja) hay información y detalles, también hay descripciones maravillosas y certeras de los paisajes, las calles, los ambientes y hasta las casas. Hay un muestrario de todas las miserias humanas pero también de las virtudes. Y Adamsberg se vuelve un personaje entrañable :)





La escritora Fred Vargas






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Epica Oona


Oona Chaplin fotografiada por Ruven Afanador para la revista Yo Dona, 2012






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El sueño del celta


Arthur Machen 
(Hulton Archive/Getty Images)


Nació en 1863 en Caerleon, un pueblo de Gales donde se supone que se coronó al Rey Arturo entre ruinas romanas, y vivió desde muy chico fantaseando con un mundo de magia, paganismo y ensoñaciones místicas. Arthur Machen recorrería un largo camino literario hasta su muerte, en 1947, que lo llevó del mito a ser considerado el padre subterráneo del género de terror, pasando por el movimiento decadentista y parnasiano. La publicación en castellano de La gloria secreta permite redescubrir a uno de los autores británicos más olvidados, secretamente admirado por escritores como Borges y Stephen King.


Con frecuencia se llama a los escritores de género fantástico “creadores de mitos”: es una de las formas más trilladas de describirlos, especialmente cuando se trata de autores visionarios, pioneros y muy influyentes. Es la forma más común de llamar a Arthur Machen (1863-1947) pero, por una vez, se trata de una descripción subjetiva. En septiembre de 1914, Machen publicó un cuento en el diario londinense The Evening News llamado “The Bowmen”: inspirado en la batalla de Mons de la Primera Guerra Mundial, donde las tropas británicas se habían enfrentado con los alemanes con un resultado adverso –la retirada– pero no catastrófico –lo esperable dada la superioridad del enemigo–, inventó un relato donde arqueros angélicos descendían de los cielos para ayudar a los ingleses. El cuento no fue presentado como ficción, sino como un falso documento, técnica que Machen conocía bien; en pocos meses, el diario comenzó a recibir solicitudes para poder reimprimirlo, en forma de panfleto. Sucedía que, en una combinación de histeria, propaganda y leyenda urbana, la historia de los Angeles de Mons, los guerreros celestiales, había sido dada por cierta. Un hecho sobrenatural, por supuesto, pero verdadero. Machen, ya entonces un escritor de carrera, explicó que el relato era producto exclusivo de su imaginación –un relato patriótico, claro, pero enteramente ficticio–. De nada sirvió. Para tratar de aclarar lo ocurrido de una vez por todas, Machen publicó el cuento en un libro, con un prefacio que decía: “En un principio, mi ficción liviana fue tomada como el más sólido de los hechos por una congregación de una iglesia; entonces empecé a darme cuenta de que si había fracasado en el arte de las letras, al menos había triunfado en el arte del engaño. Desde entonces, la bola de nieve del rumor no ha parado de rodar hasta que hoy día alcanza proporciones monstruosas”.

La aclaración tampoco sirvió de nada. La leyenda de los arqueros celestiales ya no le pertenecía. Hoy es parte del folklore mágico, una historia similar, aunque no tan popular, a la del monstruo del lago Ness, con su propia legión de pseudocientíficos aficionados que intentan probarla y proporcionan, cada tanto, nueva evidencia. Hace solamente diez años, en 2001, el diario Sunday Times publicó que se había encontrado evidencia fílmica y fotográfica de la existencia de los ángeles; el propio Marlon Brando anunció públicamente que él estaba dispuesto a comprarla por medio millón de dólares, para hacer una película. En 2002 se demostró la falsedad de esta historia que, en sus elaborados detalles, aseguraba que la filmación de los guerreros alados había sido hallada en un negocio de antigüedades de Caerleon, el pueblo del sur de Gales donde nació Arthur Machen.


El paraíso perdido

Pocos escritores fueron tan hechizados por el paisaje de su infancia: Caerleon es uno de los sitios arqueológicos más importantes del Reino Unido, con las ruinas de una fortaleza de las legiones romanas y un fuerte de montaña de la Edad de Hierro. Se cree, también, que Caerleon fue el lugar del martirio de los santos cristianos San Julio y San Aarón, perseguidos por el emperador Diocleciano en el año 304 A.C. Pero quizá lo más importante para la imaginación de Machen fue que el historiador medieval Geoffrey of Monmouth considerara a Caerleon el lugar de coronación del Rey Arturo o, al menos, uno de los sitios de su corte. Hay que recordar que el reino de Camelot recién aparece cuando Chrétien de Troyes toma el mito para escribir sus romances, casi dos siglos después.
La literatura de Arthur Machen nunca abandonó del todo las ruinas, los bosques y los mitos de su infancia. Hijo de un pastor anglicano, pasó sus primeros años entre arqueólogos, religión y, seguramente, susurradas historias de pueblo, leyendas extrañas y vagamente tenebrosas. A los once años fue enviado a estudiar a la prestigiosa Hereford Cathedral School, donde se destacó, pero aunque se graduó con buenas notas, su familia no tenía dinero para enviarlo a Oxford. Así, se mudó a Londres para trabajar como periodista. Sin embargo dedicó sus primeros años en la capital a caminar la ciudad: vivía en los suburbios y los pasajes desolados de las afueras –sus misterios, su soledad– se convirtieron en material de su narrativa.

Aunque publicó dos libros antes, se puede decir que con El gran dios Pan (1894) Arthur Machen encontró su tema y su voz. Es el relato que lo define como padre de la ficción rara (weird fiction) y el que exhibe la obsesión que recorre su obra: la de un pasado pagano y glorioso pero también terrible, viejos dioses dormidos en las colinas galesas que debían ser despertados para enfrentarse a la edad de la razón y a una sociedad puritana –Machen escribe estos primeros relatos de horror místico en la Inglaterra victoriana–. El precio de ese despertar es, en la ficción de Machen, altísimo. Como si de antemano fuera una tarea destinada a la tragedia, pero de cualquier modo necesaria. Sus personajes, por lo general hombres de ciencia desviados que han pasado demasiado tiempo entre tratados de alquimia y viejas rocas grabadas con antiguos jeroglíficos, se ven compelidos a abrir estas puertas prohibidas hacia otras realidades y otros mundos. Esas puertas suelen encontrarse en los bosques de Gales, donde aún caminan los fantasmas de los sacerdotes druidas y los antiguos dioses romanos, que tienen forma de fauno o de sátiro y les dan la mano a las muchachitas. Ese otro mundo pagano, dice Machen, nunca ha desaparecido. Sucede que el cristianismo lo ha aplastado, y ha convertido a Pan, dios de la fecundidad, en un ser con cuernos, en la imagen del demonio. Entonces, quizá la manera de acceder hacia ese otro mundo sea a través del Mal.

Pero Machen no sólo evocó ese pasado pagano para sus cuentos extraños. Es también uno de los temas de dos de sus principales novelas, vagamente autobiográficas, La colina de los sueños (1907) y La gloria secreta (1922), recién editada en Argentina por La bestia equilátera en su primera traducción al español, un inesperado y bienvenido rescate. El protagonista de La gloria secreta es Ambrose Meyrick, un joven estudiante de la escuela pública Lupton que prefiere pasar sus tardes recorriendo las viejas catedrales góticas y las ruinas de los alrededores antes que jugar al rocker, el deporte de su institución. Todo cambia cuando Ambrose llega tarde a la escuela y el profesor Horbury le da una paliza atroz. Desde entonces, Ambrose vive una existencia doble: por fuera es un estudiante orgulloso y obediente de la institución; por dentro vive en la gloria secreta, recordando los paseos con su padre muerto, que hablaba en galés y lo llevaba de visita a casas de antiguas familias que conservaban reliquias medievales, entre ellas una bella y antigua copa, que en el panteón personal de Ambrose –ansioso por escapar de la mediocridad– es el Santo Grial. “Ambrose pensaba en la Gran Montaña, en los valles secretos, en los refugios y ermitas de los santos, en las suntuosas tallas de las iglesias solitarias ocultas entre colinas y bosques.” Además, en una de sus excursiones, ha asistido a un ritual de magia santa, entrevisto como en sueños: los personajes de Machen suelen caer en estos trances, en los que reciben la visión que los acompañará por el resto de sus vidas y, en muchos casos, los llevará a la destrucción. Ambrose no sólo quiere escapar de su destino de hombre de negocios en Londres: lo que desea es ser un santo celta, “ese cristianismo que no era un código moral, dotado con alguna especie de paraíso metafórico ofrecido como recompensa por su debida observancia, sino una gran aventura mística”. Es así que Ambrose abandona la escuela y la moral de su clase: en definitiva, escapa en busca de un sentido para su vida.

La gloria secreta es, entonces, una novela de aprendizaje y también una brutal sátira de la educación inglesa, que juzga una verdadera aplanadora de la imaginación y el espíritu, formadora de hombres huecos. Escribe Machen: “No hay nada como nuestras grandes escuelas públicas, y quizá las únicas voces de disenso son las del padre y la madre que entierran el cuerpo de un chico que muestra la negra marca de la soga al cuello”. Pero, sobre todo, La gloria secreta es una variación sobre otro de los temas de Machen: la dificultad o la imposibilidad del lenguaje de aprehender los paisajes místicos y las experiencias extáticas.

Machen desarrolló ampliamente este tema en La colina de los sueños. El protagonista, otro de sus alter egos, se llama Lucian Taylor, hijo de un vicario del sur de Gales, aspirante a escritor que, de muy joven, ha experimentado una poderosísima visión mística y erótica en el viejo fuerte romano cercano a su modesta casa. Cuando el joven se muda a Londres –la trayectoria de Lucian es casi idéntica a la de Machen– pasará años luchando por dar cuenta de esa visión, sin éxito. Cuando habla de esas luchas solitarias del escritor, que ocupan páginas y páginas de La colina de los sueños, Machen también se está refiriendo a sus propias limitaciones, a su propia amargura cuando compara sus textos con los de sus grandes ídolos: Cervantes y Rabelais. Escribe: “Intentaba encontrar esa cualidad que les da a las palabras algo más allá de su sonido y de su significado, eso que en las primeras líneas de un libro debería susurrar cosas ininteligibles pero llenas de sentido. Con frecuencia trabajaba muchas horas sin éxito y el depresivo y húmedo amanecer lo encontraba en la búsqueda de oraciones jeroglíficas, de palabras místicas, simbólicas”. Lucian Taylor morirá en esta búsqueda, menos espectacular que la de Ambrose en La gloria secreta, pero igual de obstinada: esas palabras son su Grial. Ya muerto en su mesa de trabajo, la mujer que le alquila el departamento y que dará aviso a la policía encuentra sus escritos y, con pena, descubre que no son más que garabatos. Como para Ambrose (¿como para Machen?), obtener el Grial es imposible.

Habitante de un mundo extraño

 Poco después de El gran dios Pan, que escandalizó a la sociedad londinense por sus sugerencias eróticas –hay en el relato una inolvidable y lúbrica mujer demonio–, Arthur Machen se hizo amigo de Oscar Wilde, sus textos fueron ilustrados por el enorme Aubrey Beardsley y la crítica lo consideró parte de los decadentes de la década de 1890. En 1895 publicó Los tres impostores, quizá la novela corta de Machen más cercana para los lectores argentinos, porque en 1988 Jorge Luis Borges la incluyó en su Biblioteca Personal; escribe en su prólogo: “Las literaturas encierran breves y casi secretas obras maestras; Los tres impostores es una de ellas”. Con enorme fluidez y la influencia de R. L. Stevenson, Machen compone en Los tres impostores un relato que parece no acabar nunca, que se ramifica y deriva en nuevas aventuras y horrores. Su sensibilidad aquí es más excéntrica que nunca: en este Londres de anticuarios hay coleccionistas de objetos de tortura, casas antiguas de los suburbios cargadas de una malignidad palpable y jóvenes que, tras la ingesta de una droga equivocada, se transforman en monstruos viscosos en sus habitaciones. Pero cuando la acción se mueve al campo, el hechizo maldito se intensifica: así, el malogrado profesor Gregg encuentra a un verdadero hijo de las hadas –que no son gentiles seres alados sino una raza bestial que sobrevive en las colinas– y también encuentra otras historias de erotismo pagano y horror. “Los críticos han deplorado la vaguedad de ciertas narraciones de Machen”, escribió Borges en la biografía sintética de Arthur Machen publicada en Textos cautivos. “Han imputado imprecisión a sus aquelarres y a sus emisarios satánicos. Yo tengo para mí que esa imputación procede de un error. El concepto del pecado es fundamental en los libros de Machen. El pecado (para él) es menos una transgresión voluntaria de las leyes divinas que un estado abominable del alma.”

Es posible que aquí Borges estuviera pensando en el mejor relato de Machen, “The White People”, publicado en The House of Souls (1906), la historia de una niña hechizada, un cuento de hadas verdaderamente espeluznante y de estilo exquisito, enmarcado por una charla entre Ambrose (¿el Ambrose de La gloria secreta?) y sus amigos. Dice Ambrose: “La esencia del pecado es tomar el cielo por asalto. Me parece que es simplemente un intento de penetrar la esfera más alta de una manera prohibida. La santidad requiere un esfuerzo grandioso, pero la santidad trabaja sobre líneas que alguna vez fueron naturales; es un esfuerzo por recuperar el éxtasis antes de la Caída. Pero el pecado es el esfuerzo de obtener el éxtasis y el conocimiento que alguna vez les perteneció solamente a los ángeles. Y al hacer ese esfuerzo, el hombre se transforma en demonio”.

 En esta teoría del Ambrose de “The White People” resuena la doctrina de la Golden Dawn, sociedad secreta fundada en 1887 para el conocimiento del ocultismo y la adquisición de poderes mediante la magia, doctrina que, según Juan Jacobo Bajarlía, “se refiere a los límites del mal como obtención de los poderes que le han sido negados al ser humano”. Arthur Machen se unió a la Golden Dawn en 1899, después de años desgraciados en los que nadie quería publicarlo: con la prisión de Oscar Wilde, el clima editorial dejó de ser favorable para los narradores considerados decadentes. Además, había quedado viudo y se hundió en una depresión de la que salió recorriendo las calles de Londres con auténtica manía y tomando nota de estos desesperados recorridos. El ingreso en la Orden Hermética de la Golden Dawn le permitió ingresar nuevamente al mundo literario: la organización siempre fue mucho más un club de amigos con intereses en común que una verdadera sociedad mágica. Allí Machen se codeó con William Butler Yeats, Bram Stoker –autor de Drácula–, Sax Rohmer, Joris Karl Huysmans y un joven que se tomaba la doctrina del mal como sabiduría mucho más en serio que sus ilustres cohortes: Aleister Crowley. Estaba llegando a su fin un clima de época propicio para la estética de Machen: el del revival celta y artúrico iniciado a mediados del siglo XIX con los pintores prerrafaelistas como Edward Burne-Jones o William Morris y el poema Los idilios del rey de Lord Alfred Tennyson. Sin embargo, y a pesar de que esa sensibilidad se desdibujaba con el cambio de siglo, Machen acentuó su aspecto espiritual y la mayoría de sus textos, como La gloria secreta, ya no pertenecían al horror o el cuento extraño, sino a su particular versión de la fe cristiana vista a través del cristal de la mitología celta, las leyendas artúricas y la importancia del ritual, prácticamente ausente en las austeras ceremonias de la Iglesia anglicana, que Machen cuestionaba.

Arthur Machen pasó sus últimos años trabajando como periodista –también, durante una breve temporada, se unió a una compañía ambulante de teatro– y tuvo un breve período de éxito en la época de los Angeles de Mons, especialmente en círculos críticos de EE.UU. Cuando murió, en 1947, sin embargo, su nombre casi había sido olvidado. Casi.

Los discípulos

La influencia de Arthur Machen en los narradores de fantástico y terror desde entonces, y hasta hoy, es determinante y ampliamente reconocida, aunque extrañamente subterránea. Machen es el gran secreto a voces: el discreto padre del género. Su idea de una raza antigua de dioses persistentes que acechan desde el principio de los tiempos es central en la concepción de los mitos de Cthulhu de H. P. Lovecraft (que publicó su primer relato en 1922, más de veinte años después de la publicación de El gran dios Pan). Más cercano en el tiempo, Clive Barker se definió como un admirador absoluto de Machen: “Está bastante dejado de lado”, decía en una entrevista reciente, “pero en mi opinión es más importante que Lovecraft. Es, sin duda, mejor escritor, más humano en su filosofía y no tiene nada de la misoginia y el antisemitismo que vuelve tan odioso el trabajo de Lovecraft a veces. Creo que Machen es el hombre que redefinió el género”. Stephen King, además de considerar a El gran dios Pan como el mejor relato de terror jamás escrito, lo homenajeó en “N”, un cuento incluido en su libro de 2008 Después del anochecer. Peter Straub, el otro gran escritor de terror norteamericano –e íntimo amigo de King– acaba de publicar A Dark Matter, una novela sobre una realidad paralela que se presenta, tras un ritual, en un descampado, un traslado del misticismo de Machen a la década del 60, con terribles consecuencias y dioses olvidados incluidos.

En su tierra natal, la influencia de Machen es aún más amplia. Uno de los mejores novelistas británicos, M. John Harrison, reescribió El gran dios Pan en un cuento ¡que tiene el mismo título!, y que fue la base de su novela El curso del corazón (1992), donde un grupo de estudiantes lleva a cabo una ceremonia mágica –jamás descripta, a la manera de las visiones ensoñadas de Machen– que luego tendrá efectos devastadores en sus vidas. El Londres alucinatorio de Machen (especialmente en un cuento atesorado, el enigmático “N”, una fábula casi psicodélica sobre el descubrimiento de una realidad paralela en los suburbios de la ciudad), sus intensas caminatas y sus descubrimientos urbanos han sido resignificados hoy por caminantes modernos (o psicogeógrafos) como Ian Sinclair o Peter Ackroyd. También es citado como influencia por Neil Gaiman o el guionista Alan Moore (que se inspiró en Machen para su cómic Snakes and Ladders). La lista podría seguir, pero no habría que cerrarla antes de mencionar El laberinto del fauno, del realizador mexicano Guillermo del Toro, una fábula antifranquista nominada al Oscar como mejor película extranjera en 2006 que, según su director, está inspirada en el dios Pan de Arthur Machen.

A diferencia de aquellos ángeles guerreros, no hay todavía ninguna leyenda urbana que hable del avistamiento de sátiros cornudos en los bosques. Y es que no hace falta. La perturbadora demonología de Machen ha producido admiradores obsesivos, como se lee en el prólogo a la edición local de La gloria secreta: “una legión con hábitos literarios de secta”.



Mariana Enriquez
Página 12
21 de noviembre de 2011





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