Anoche, sin mucho ánimo, me metí en la cama e intenté dormir
alrededor de la una. Mi Werewolf todavía se quedó un rato más jugando
Fallout 4 y Happy Demon hacia rato que luego de mucho batallar, al fin
se había quedado dormido. Tuve una noche inquieta donde estuve dando
vuelta y vuelta en la cama. Y a eso de las cinco y cuarto al mirar el
reloj del móvil, vi que tenía un mensaje de Whatsapp: un querido amigo
me había dado la noticia casi en el mismo momento que se hizo públic
a, alrededor de la una y cuarto, una y veinte de la madrugada...
Me costó mucho asimilarlo. Corrí a verificar en la red y lo que
encontré me dejó sin palabras. Comencé a leer las notas de los
periódicos, los comentarios de mis amigos y conocidos, y a sentir un
pesar tan hondo como si se hubiese muerto un familiar o un amigo muy
querido. Apenas me recuperaba de lo de Lemmy que no por ser más evidente
su enfermedad, no dolió menos. Apenas el mundo del rock se estaba
'reacomodando'.
Cuesta creer que todavía no haya la cura
definitva para el cáncer. Cuesta creer que nuestros ídolos, a pesar de
sus excesos y de su grandes aportaciones, sigue siendo simples mortales.
Cuesta creer que alguien que se expuso tanto, fuese tan discreto con
sus dolencias y apenas mencionase el infarto que sufrió años atrás. Sin
embargo, a pesar de que dicen que luchó durante 18 meses, jamás mencionó
nada e inclusive se embarcó en el proyecto del nuevo álbum y la
grabación de los vídeos de los dos primeros sencillos.
Hoy como
pocas veces en la historia del rock, los trabajos que se convirtieron en
ese romántico canto de cisne, cobrarán más importancia y se buscará el
significado en cada una de las letras de los temas, tratando de
encontrar alguna señal, algo que quizás les permitiese a David y a Lemmy
adivinar o indicar que dentro de nada se iban a reconvertir en polvo de
estrellas.
Buen viaje de regreso a casa, David.
11 de enero de 2016
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