

Nuestros cumpleaños :)
Festejamos ambos el pasado domingo 24, aquí en casita, en familia con un pastel riquísimo de chocolate que no teníamos ni idea de que fuera tan bueno :P
Yo cumplí 36 años.
Happy Demon 3



Remy, protagonista absoluto de Ratatouille
este pudiera llegar a la orilla. El emperador, sorprendido por su amabilidad, le otorgó el 5º lugar del zodíaco. Poco después se oyó al caballo galopando al que la serpiente dio un susto haciéndolo caer, de forma que ésta llegó en 6º lugar y el caballo en el 7º. A poca distancia del lugar se encontraban la oveja, el mono y el gallo que se acercaban a la orilla del río. Las tres criaturas se ayudaron entre sí para cruzarlo. El gallo construyó una balsa de madera para los tres animales. La oveja y el mono despejaron la maleza y finalmente remando y remando consiguieron llegar a la otra orilla. El emperador, muy complacido por el trabajo en equipo, nombró a la oveja el 8º animal, al mono el 9º y al gallo el 10º. El undécimo animal fue el perro. Aunque debería haber obtenido un buen puesto que era el mejor nadador de todos los animales, se retrasó ya que necesitaba un baño después de la larga carrera y al ver el agua fresca del río no puedo resistirse. Justo cuando el emperador iba a dar por cerrada la carrera escuchó el gruñido de un pequeño cerdo. El cerdo comenzó la carrera hambriento por lo que al poco de empezar se dio un banquete y hecho una siesta. Cuando despertó, continuó con la carrera y llegó justo para ser nombrado duodécimo animal del zodíaco. El gato llegó demasiado tarde (decimotercero) por lo que no pudo ganar ningún puesto en el calendario, convirtiéndose en enemigo de la rata para siempre. Curiosamente, el gato ocupa el lugar del conejo en el zodíaco vietamita.
ior, cuando ya a primera hora de la mañana familias enteras acuden a los templos para rezar y hacer ofrendas a los dioses. Teatros de títeres, tablillas de buenos augurios, ópera, artes marciales, danzas populares y tenderetes de artesanía pueblan desde hace días todos los templos y parques de China. Pero el momento culminante es la última cena del año, en la que toda la familia se reúne alrededor de la mesa para compartir los tradicionales raviolis chinos ('jiaozi') y entregarse algún dinero en sobres rojos para atraer la suerte y la abundancia. Tras la cena familiar llega la hora de la pólvora y los fuegos artificiales.

ranormales". Placeres de la noche de Sherrilyn Kenyon (que pertenece a una amplia colección que ha sido editada a través de algunos años) y Crepúsculo de Stephenie Meyer (que es el primer tomo de una trilogía) son un baturrillo de vampiros, humor y el clásico soft-porno que invade cada página de toda novela romántica que se precie de serlo. La Kenyon se dirige a un público un poco más adulto (já) y la Meyer parece que se quedó con la idea de que todas las adolescentes o post-adolescentes son adoradoras por naturaleza de series de televisión tipo Beverly Hills 90210. Una de las grandes, pero muy grandes diferencias que tienen estas autoras con una de sus ídolas: Anne Rice, es que abusan de un humor mediocre que muchísimas veces sobra. Es por eso que mencionaba líneas arriba de que en la mezcla de la licuadora había que incluir una versión femenina de Jim Carrey. Los vampiros de estas autoras (curiosamente gringas las dos) son guapérrimos, millonarios, misteriosos y ultra-sexys aunque, en el caso de Crepúsculo traten de ocultarse en un poblacho pequeño y anodino del noroeste de EstadosUnidos y de pasar por jovencísimos estudiantes de último año de bachillerato.
on nulo éxito, La hora de las brujas y Blood and Gold de Ms. Rice. Lo dicho, no fui capaz de acercame ni a la mitad del libro: aquel erotismo de tres al cuarto y unos diálogos que parecen escritos por una quinceañera (eso sí con mucha mejor ortografía y sin el vicio de escribir todo como si redactara un mensaje de móvil), puffh, me aburrieron y me pusieron los pelos de punta. Entre las dos novelas y gracias al Círculo de Lectores había gastado los peores 32 euros de mi vida. Bueno, no. Si sumamos los 20 euros que le costó a mi marido La Historiadora de Elizabeth Kostova, que tampoco he sido capaz de leer más allá de la mitad, ya tenemos una cantidad que bien pude aprovechar en otras cosas. Por cierto, la Kostova no padece de un exceso de humor ni de erotismo primario, sino todo lo contrario: precisamente carece de estilo definido. Su novela cuenta una historia cuyo planteamiento podría resultar atrayente, pero Kostova se dedica a masacrarlo con una escritura y unos personajes planos.